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próximo a Dundee, Scotland (United Kingdom)

Hoy afrontamos la última etapa de este grandísimo viaje que nos devuelve al punto de partida, la ciudad de Edimburgo. Llevamos 15 días recorriendo prácticamente toda la superficie de Escocia y hoy toca a su fin.
Nada más levantarnos y después de desayunar, nos acercamos andando al puerto para ver el RRS Discovery, que no llegamos a ver la tarde anterior.
Los tres mástiles del famoso navío que llevó en su expedición polar al capitán Robert Falcon Scott y a Ernest Shackleton dominan la orilla del río al sur del centro de Dundee. El barco se construyó en la ciudad en 1901 con un casco de madera de más de medio metro de grosor para sobrevivir a las capas de hielo antártico. El RRS Discovery partió de Dundee en primavera de ese año y alcanzó la Antártida en enero de 1902. Tras dedicar unos meses a cartografiar las costas antárticas, el navío quedó atrapado en el hielo en el Estrecho de McMurdo, en la Isla de Ross, durante dos años. En ese tiempo, los dos aventureros establecieron que la Antártida era un continente y resituaron el Polo Sur magnético. Una vez liberado del hielo por causas naturales y ayudados mediante explosivos, el Discovery emprendió el viaje de regreso, que completó en el puerto de Spithead el 10 de septiembre de 1904.
Volvemos al hotel a preparar las alforjas, y a las 8:30 estamos saliendo de Dundee por The Tay Road Bridge, un puente de más de dos kilómetros de longitud sobre el rio Tay, poco antes de desembocar en el Mar del Norte. Curiosamente al puente accedemos por un ascensor, ya que tiene un carril bici en el centro, separado de la circulación de los coches.
Tomamos dirección St Andrews, donde nos empieza a llamar la atención la cantidad de autobuses que llevan nuestra misma dirección. Cuando llegamos a St Andrews, encontramos la explicación. Se está disputando el Open Británico de golf, que tendría que haber acabado ayer, pero por las lluvias termina hoy. Por tanto el ambiente golfista en la ciudad es extraordinario, sobre todo en los alrededores del campo donde empieza a agolparse una multitud de aficionados a pesar de ser todavía muy temprano.
Nos acercamos hasta el campo para ver el perfecto césped y las enormes gradas que empiezan a llenarse.
En St Andrews no hay un solo coche, incluso en los pequeños pueblos de los alrededores está prohibido el acceso y el aparcamiento en todas las calles. Por suerte no hay problema con las bicicletas y podemos rodar tranquilamente por todo el casco antiguo sin que nos moleste el tráfico.
Saint Andrews está situada en la costa este de Escocia, en el condado de Fife, es una de las ciudades más antiguas e históricamente importantes de Escocia, a pesar de su reducido tamaño. En ella se encuentra la Catedral de St. Andrews, actualmente derruida (que en su tiempo fue la más grande de Escocia), un castillo, igualmente derruido, y una de las universidades más antiguas y prestigiosas del Reino Unido. Además, St. Andrews es considerado como "la cuna del golf", ya que en ella se encuentran el Royal and Ancient Golf Club of St Andrews, el club de golf más antiguo del mundo, y el Old Course de St Andrews, también uno de los campos más antiguos.
Tomamos la calle donde se sitúa la universidad con unos magníficos edificios de piedra, y un poco más adelante bordeando el acantilado aparece el castillo de Saint Andrews. Básicamente en ruinas, el lugar tiene mucho encanto y tiene unas bonitas vistas hacia la playa donde se rodaron las escenas de la película Carros de Fuego. El castillo data de alrededor del año 1.200 y fue durante siglos la residencia de los obispos y arzobispos de Saint Andrews.
Muy cerca tenemos la Catedral de Saint Andrews. Las magníficas ruinas de la que una vez fue la catedral más grande y ricamente decorada de la Gran Bretaña permiten hacerse una idea de lo espectacular que debía ser el lugar en la Edad Media, cuando era la meca de los peregrinos que iban hasta este remoto rincón del mundo para adorar los huesos de San Andrés (que estuvieron en algún momento enterrados bajo el altar). Fundada en 1160, la Catedral de Saint Andrews no se consagró hasta 1318 (en una ceremonia en la que estuvo presente el rey Robert I) y tras la Reforma Protestante, en 1559 fue saqueada. Hoy en día las lápidas del cementerio han tomado el lugar, de la torre central y de los seis torreones sólo quedan los dos de la cara este y uno de los dos del lado oeste, que se elevan más de 30 metros sobre el suelo.
En el recinto también está la imponente Torre de Saint Rule, que es lo único que queda en pie de la antigua Iglesia del mismo nombre que ocupaba el lugar antes de la construcción de la catedral y que albergó hasta ese momentos los restos mortales del santo. Las vistas de Sant Andrews y el mar son espectaculares.
En la misma zona también se pueden ver partes del Priorato del siglo XIII, con sus arcos góticos y el Museo de la Catedral, que expone una destacable colección de lápidas medievales
Salimos de la ciudad por el Centro Histórico, por la avenida principal, South St, rodeada de unas calles perfectas para callejear. El ambiente universitario, sus edificios de piedra, los pequeños cafés… todo la hace ideal para deambular sin prisas y disfrutar del tiempo. Salimos por la antigua puerta de la muralla de West Port, la principal puerta de entrada a la ciudad, el callejón de Louden’s Close y la capilla del siglo XVI de la Blackfriars Chapel.
El Ayuntamiento, en pleno centro, es de estilo victoriano. Enfrente está la iglesia parroquial Holy Trinity, del XIV, y muy cerca está el Saint Mary’s College (fundado en 1537), que hoy en día acoge la biblioteca de la Universidad. El árbol que hay en el patio central tiene más de 250 años.
Dejamos St Andrews, una de las ciudades más bonitas que hemos visto en Escocia, y retomamos el asfalto durante 10km hasta que alcanzamos Kemback Old Church, una iglesia construida en 1582 y que fue, por tanto, una de las primeras iglesias posteriores a la Reforma que se construyeron en Escocia. Fue pensada para sustituir a una anterior iglesia fundada por el obispo de Bernham en 1244 y situada en los terrenos de Kemback. La antigua iglesia de Kemback se encuentra en un cementerio al sudoeste de la actual iglesia parroquial, en una meseta sobre Ceres Burn.
Al dejar la Iglesia de Kemback, nos encontramos con la carretera cortada por obras, así que tenemos que dar un pequeño rodeo para llegar a la localidad de Cupar, donde aprovechamos para tomar un café y hacer la compre del día en un supermercado Lidl. Son las 12:30 y llevamos 40km de ruta.
Comienza a llover, y al final tenemos que resguardarnos en la marquesina de una parada de autobús porque no encontramos otro sitio para comer a las 15:00h, ya calados hasta los huesos y muertos de frio.
Continuamos la marcha bajo la lluvia y vamos pasando por varias localidades, hasta que llegamos a Dunfermline, capital de Escocia hasta 1603, fue una ciudad que en el pasado desempeñó un papel esencial en la historia escocesa. Las ruinas de su abadía medieval albergan un mausoleo de reyes y reinas de Escocia; entre las viejas murallas reposa el cuerpo, aunque sin corazón, de uno de los personajes clave del país, Robert the Bruce; el parque de Pittencrieff, legado del magnate Andrew Carnagie, permite paseos mágicos entre los bosques; y en las calles de Dunfermline sobreviven edificios centenarios que ocultan, entre sus paredes, los episodios que forjaron la historia de una ciudad que, en algún momento, fue cuna de monarcas y capital de Escocia.
El corazón de Dunfermline reside en su abadía, situada en el oeste de la ciudad. Los cimientos de la Dunfermline Abbey se remontan a 1128, cuando el monarca David I elevó a la categoría de abadía el pequeño monasterio benedictino que su madre, Santa Margarita de Escocia, había fundado en 1070 en el enclave donde ella y el rey Malcom III se casaron, y alrededor del cual había crecido la ciudad de Dunfermline, convirtiéndose en la nueva capital del reino de Escocia.
La iglesia era el centro del recinto monástico, que estaba rodeado por una muralla de piedra que aseguraba la reclusión total de los monjes y defendía la abadía de cualquier ataque. Aunque sólo pequeñas partes de la muralla y de la nave de la iglesia han perdurado hasta nuestros días, esta última es una pieza arquitectónica espectacular, y uno de los ejemplos más representativos del estilo románico en Escocia. Está abierta al público y se puede visitar gratuitamente.
Damos un salto en el tiempo y nos trasladamos a finales del siglo XVI, tras la reforma protestante. El rey Jacobo VI construyó, junto al antiguo claustro, un palacio real para vivir junto a su esposa, la reina Ana de Dinamarca. En 1600, su hijo, el rey Carlos I, nació en el palacio de Dunfermline, convirtiéndose en el último rey nacido en Escocia. Tres años más tarde, en 1603, el monarca Jacobo VI fue proclamado rey de Inglaterra en lo que se conoce como The Unión of Crowns (la unión de las coronas), y la familia real dejó la Abadía de Dunfermline, condenándola a un progresivo abandono.
Pocos vestigios de aquel esplendor han perdurado hasta nuestros días, en parte debido a un terrible incendio que arrasó la ciudad en 1624, pero en el recinto de la abadía se pueden ver, todavía, las ruinas del complejo monástico y palaciego. Junto a la nave se alza, además, una iglesia construida en el siglo XIX en la que se ofician misas y bodas y que alberga un mausoleo donde descansan algunos de los grandes reyes de Escocia, como Santa Margarita, David I y, uno de los más emblemáticos, Robert the Bruce, enterrado en una lápida sepulcral de cobre.
Robert the Bruce, o Roberto I de Escocia (1274 – 1329), es uno de los héroes más queridos de Escocia, y uno de los personajes más relevantes de su historia. Su papel en defensa de la libertad del pueblo escocés se remonta a la primera Guerra de la Independencia de Escocia, que comenzó en 1296 con la invasión inglesa por parte de las tropas del rey Eduardo I de Inglaterra.
Tras años de batallas, revueltas y negociaciones a manos de personajes históricos como William Wallace y Andrew de Moray, que lucharon por la independencia, parecía que Escocia había caído, finalmente, en manos inglesas. La situación empeoró tras la captura y la ejecución de William Wallace en 1305, pero Robert the Bruce, que durante un tiempo se había mantenido aparentemente favorable y dispuesto a negociar con el rey Eduardo I de Inglaterra, se levantó finalmente en su contra y comenzó una nueva campaña, coronándose rey de los escoceses en la Abadía de Scone al año siguiente.
A las 18:00 cruzamos el Forth Road Bridge, desde el que podemos ver el Forth Rail Bridge que es un puente en ménsula para ferrocarril que atraviesa el Fiordo de Forth, a 14km del centro de Edimburgo. En los últimos años se denomina frecuentemente Forth Rail Bridge (puente de tren de Forth) para distinguirlo del Forth Road Bridge (puente de carretera de Forth). El Forth Bridge conecta Edimburgo con Fife y sirve como arteria de comunicación entre el noreste y el sureste del país. Ha sido descrito como uno de los monumentos más reconocibles de Escocia, y el gobierno británico estudia la posibilidad de presentarlo como candidato a Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. El puente y su infraestructura asociada es propiedad de Network Rail.
Del otro lado del puente, llegamos a la localidad de Dalmeny donde lo mas interesante es Dalmeny Church. La iglesia de Dalmeny es reconocida como la mejor iglesia románica todavía en uso en Escocia, y una de las más completas en el Reino Unido, sólo le falta la torre occidental original. Cuando se ve desde la distancia la iglesia parece elevarse sobre un montículo encima de la topografía local. Se especula con que está construido sobre un túmulo funerario precristiano. Esto significaría que el cementerio es anterior a la iglesia. Un segundo montículo unifamiliar de tamaño más pequeño se encuentra en la carretera al este de la aldea.
A partir de Dalmeny, alternamos la carretera con tramos de carril-bici que empiezan a aproximarnos a Edimburgo. Los ultimos 10km transcurren por un corredor verde que nos lleva casi al centro de la ciudad, y desde aquí solo nos queda callejear un poco para alcanzar el hotel Smart City Hostels Edimburgh.
Nuestro recorrido por Escocia en bicicleta ha llegado a su fin. Solo queda darnos una buena ducha, cenar, y celebrar con un par de cervezas y un whisky escocés, que todo ha salido como esperábamos sin haber tenido ni un solo contratiempo, ni siquiera un pinchazo. A pesar del mal tiempo que nos ha acompañado durante todo el viaje, hemos disfrutado muchísimo y nos ha encantado Escocia, sus castillos, iglesias, lagos, paisajes, costas… En definitiva un viaje muy recomendable para hacer tanto en bicicleta como en coche.

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