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próximo a Tereñes, Asturias (España)

Comienzo mis vacaciones de verano de 2019, algo raras, improvisadas y con varias fechas incordiando en su transcurso que las parten y las hacen difíciles de planificar. Pero a pesar de que el pronóstico era malo, pongo rumbo al norte, a Asturias con mi furgo casa de verano, me doy cuenta que necesita un nombre, un buen nombre.
El día en Ribadesella amanece radiante, no hay nubes y el frescor de la mañana junto al mar es fresquito, no lo dudo es una señal divina para subir a los lagos de Covadonga y sin haber subido un puerto en todo el año y apenas acumular kilómetros de pedales en las piernas me lanzo al reto de ascender esta cota mítica para los amantes de las dos ruedas a pedales. Salgo de Ribadesella por el puente que cruza la ría, la marea esta baja, los secretos quedan al descubierto, viejas embarcaciones que se pudren varadas en su fondo son devoradas por el tiempo y la flora marina dejando una estampa curiosa.
Pongo rumbo a la montaña, dejo el mar a mi espalda y tengo un buen trecho en llano para ir calentando, para sentir en mis piernas que los entrenos de estos meses van dando resultado, bueno y el 32 que le he puesto a Dora, mi bici de Gravel es una maravilla. Arriondas campamento base de viejos recuerdos, de marchas nefastas y un deporte el del ciclismo de carretera con dorsal de forma independiente que no me gustó nada. El rio Sella se va llenando de canoas, de niños de campamento y la carretera comienza a tomar inclinación, no mucha pero voy subiendo piñones. Cangas de Onís lo dejo a mi derecha, no lo cruzo, si hay fuerzas y ganas lo dejo para el final. Pronto los recuerdos del año pasado cuando lo podríamos llamar el año cero, el del retorno, la salida del pozo de la depresión ciclista, asaltan mi memoria, sonrío ya que la es lo mejor que puedes llevar puesto y más cuando toca escalar con tu bici.
Dejo atrás Covadonga, la barrera y ahora tan solo he de preocuparme de los autobuses de alsa que hacen la subida a Lagos al estar restringido el acceso en coche. El plato pequeño, el de adelgazar ya que ha caído hace rato, el 32 se queda pequeño para unas piernas que no han subido nada este año y pronto mi corazón se queda sin gas. Paro en un claro de la carretera, alejado del tránsito de autobuses, me tomo una barrita energética, recupero el aliento y sé que en unos metros la Huesera me espera, unos alemanes salen de entre la maleza con sus bicis de montaña, han buscado una sombra más profunda y eso que el cielo ha comenzado a nublarse. La huesera me vence y hago parada al principio, además de la ya clásica de la curva, por las vistas claro.

Continua en el blog. (pulsando el título de la ruta)

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